¿Lo has pensado alguna vez?

Una de las cuestiones que planteo en el test de fortalezas y debilidades que utilizo frecuentemente en mis formaciones, es precisamente: “A veces me equivoco al elegir amistades y relaciones” , y me sorprendía que la respuesta más habitual de nuestros alumnos y coachees fuese “muy propio de mi”.

Intentaba ponerme en la piel de aquellos que contestaban esto, y creía que debía ser triste o incluso frustrante sentirlo. Pero hasta ahora no lo había vivido, y he de confesar que duele, duele mucho.

¿Quién sería el responsable: la persona que pone muchas expectativas en otra, quizás demasiadas?, ¿o la persona que no tiene en cuenta lo que se espera de ella y falla?

Más que buscar responsables, o “culpables”, os invito a verlo como aprendizaje.

Todos actuamos por algún motivo, y aquella persona que nos decepciona también tiene el suyo.

Una de las presuposiciones básicas de la PNL (Programación Neurolinguística), es que “todo tiene una intención positiva“. Aunque a veces nos cueste verla, la hay.

¿Por qué ha actuado así esa persona? .¿Ha sido su intención hacer daño?. ¿O simplemente tiene complejo de “ombligo del mundo” y ni se ha dado cuenta? Estas preguntas sólo puede responderlas la persona que nos decepciona. Y sólo conociendo la respuesta conseguiremos entenderla y aprender de esta situación.

Sea cual sea la respuesta que obtengamos, para nosotros será positivo: nos habrá ayudado a hacer filtro. Quizás esa persona no se merecía estar en nuestra vida. O simplemente, no sea cuestión de merecer o no, es que no debía estar. Es posible que tenga un concepto de “amistad” diferente al nuestro, y eso no es un delito; simplemente no todos somos iguales ni pensamos igual. Todos en nuestra vida construimos nuestro círculo, y las decepciones también nos ayudan a hacer la mejor selección de sus integrantes. El aprendizaje de lo vivido nos ayudará a que sea el idóneo para nosotros, y a valorar si cabe aún más a los que ya forman parte de él.

Detectamos en algunos coachees y alumnos, que esta decepción va acompañada del rechazo a querer conocer gente nueva, a dar nuevas oportunidades. Y nos encontramos con respuestas como “vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer“.  Cuando escucho esto de personas muy jóvenes, me entristece enormemente, ya que pienso que se perderán a gente estupenda que posiblemente sean excelentes compañeros de viaje en su vida.

Con la cuestión “A veces me equivoco al elegir amistades y relaciones…” , lo que intentamos graduar es el nivel de prudencia.

En exceso, hace que no avancemos, nos frena a la hora de apostar por algo nuevo, o en este caso en concreto, por alguien nuevo. Pero en la medida apropiada, nos hace estar alerta y evitar errores.

Sea esta una de nuestras fortalezas o debilidades, son rasgos de nuestra personalidad. Si consideráis que mejorar en este punto os acercará más a vuestro objetivo, sea cuál sea el que os habéis planteado, os podemos ayudar a superarlo.

Os invitamos a ver este divertido vídeo sobre ella:

En cuanto al rechazo a conocer a gente nueva después de vivir experiencias de este tipo, va asociado a otra cualidad: la capacidad de perdón. No es posible avanzar en la vida, o al menos será muy difícil hacerlo, si no tenemos esta capacidad. En siguientes post hablaremos sobre ella, os invitamos a continuar siguiéndonos y compartiendo vuestras opiniones.

Y tú, ¿te has equivocado alguna vez al elegir amistades y/o relaciones?