¿Alguna vez te has esforzado mucho en algo y

no has obtenido el resultado esperado?,

¿Cómo has reaccionado?

 

Seguro que no siempre las cosas salen como esperabais por mucho que os esforcéis en que así sea. No podemos controlarlo todo, a veces hay factores externos con los que no contábamos que hacen que todo de un giro. ¿Qué pasa entonces?

Lo importante no son las cosas que pasen o no, si no la actitud que tomas ante ellas. Ante un resultado inesperado, puedes optar por:

  • hundirte y descargar toda tu rabia buscando culpables;
  • analizar la situación y ver qué ha fallado y porqué;
  • además de analizar lo sucedido, abrir los ojos para ver nuevas oportunidades.

La primera de las opciones, te puede hacer sentir bien en un primer momento. La “culpa” es un peso que a pocos les gusta cargar. ¡Pero cuidado! Si después de este momento de desahogo no reaccionas, los resultados inesperados se repetirán.

La segunda es una buena opción. Si las cosas no salen como queremos es porque algo ha fallado y detectar por qué nos ayudará a avanzar. ¡Pero ojo! No caigáis en el “parálisis por el análisis”. A veces nos centramos tanto en analizarlo todo, que esto nos paraliza, y todos en la vida queremos avanzar, ¿no es así?

La tercera opción sería la más completa. Además de analizar, estaremos ampliando nuestro ángulo de visión. Adoptaríamos en este caso una actitud pro-activa. No hemos obtenido el resultado esperado, de acuerdo, pero: ¿y ahora qué?

En esta opción está la clave principal para superar resultados inesperados: saber ver las OPORTUNIDADES que esto nos abre.

Al menos que no te corra sangre por las venas, es normal una reacción inicial de decepción, de preguntarte: ¿por qué a mi?, ¿por qué ahora? Tranquil@, eso simplemente quiere decir que te importa lo que estabas haciendo. Vamos a esforzarnos porque esta fase sea lo más corta posible. Como todo, es cuestión de entrenamiento y contamos con herramientas para minimizar este período. Cada uno tiene que descubrir qué herramienta es la más efectiva para estos casos. Desde La Escuela podemos ayudarte a reconocerla.

Por ejemplo, a mi me funciona muy bien: salir a correr a la playa, pensar en lo sucedido y hacer visualizaciones creativas de cómo me gustaría que hubiesen sucedido las cosas. Hacer ejercicio genera estímulos positivos en nuestro cerebro, y si además nos concentramos en pensamientos también positivos, los beneficios aumentan exponencialmente.

Tal y como decía el antiguo refrán, utilizado en reconocidas obras literarias: “Cuando una puerta se cierra, otra suele abrir la fortuna” (La Celestina ). O  “Donde una puerta se cierra, otra se abre” (El Quijote).

Concentrémonos en esa OPORTUNIDAD, en esa FORTUNA de lo que está por venir.

Vale, las cosas no han salido como yo quería pero, ¿qué puedo hacer ahora?, ¿qué he aprendido de lo sucedido?

Aquí tendríamos la segunda clave: ANALIZAR lo que ha pasado, para APRENDER. ¡No es un  pecado cometer errores! Pero te invitamos a que cometas errores diferentes y no siempre los mismos. Para ello, es importante esta fase de análisis y aprendizaje.

Una última clave para superar errores inesperados es PASAR A LA ACCIÓN. De poco nos sirve visualizar oportunidades, aprender de lo sucedido, sino pasamos a la acción para materializarlas y conseguir los resultados esperados.

¿Qué os parecen estas tres claves? ,

¿os atrevéis a ponerlas en práctica?