Entre la razón y el corazón.

En el camino de la vida,

entre la razón

y el corazón,

hay un pequeño pueblo,

que se llama deseo.

Entre la razón y el corazón existe un pueblo, que se llama Deseo.

Un pueblo, pequeño, que sirve de descanso a las almas que hacen su camino.

Yo pasé allí varios días. Lo sé, quizá lo que te voy a contar te parezca una historia de vieja chocha, o de una loca o de una niña, o de una persona fantástica que prefiere vivir en la imaginación antes de vivir en la realidad, “real”.

La realidad “real del mundo al que yo llamo deber.

Quizás yo sea todo esto junto, una vieja chocha, loca, con alma de niña, fantástica, que prefiere vivir en su imaginación antes que en el mundo real.

Esta es la historia de cómo conocí la existencia de un pueblo llamado Deseo.”

Y de como aquello cambió mi vida.

Un día, como otro cualquiera, se me acercó una de esas personas que se dedican a vender cosas en la calle.

Era un alma vieja, mayor. Curtida por los aprendizajes de la vida.

Recuerdo el olor de su piel a cuero. No era un olor desagradable, porque era auténtico.

El color de su piel, era de un marrón oscuro y rojizo, curtido por el sol. Las arrugas, aunque agradables, eran surcos de experiencia de vida.

Me pidió ayuda”.

Estarás pensando que quizá me pidió ayuda en forma de dinero o intentó darme pena. Siento decirte que no fue así. Podría decir que sí, para justificarme o mejor dicho para justificar la respuesta que le dí.

-Disculpe, -me dijo. -¡Puede ayudarme!

-Lo siento, no tengo tiempo. -Le contesté, sin mirar a esta alma vieja a la cara.

-Entiendo, ¡disculpe! -me dijo.

-¡Conoce usted un pueblo que se llama Deseo! -me dijo. -Yo pasé por ahí hace tiempo. Es un sitio muy bonito. Creo que podría visitarlo, cuando tenga tiempo.

-Ah, vale, gracias, -le dije. Supongo con un poco de burla, como quien piensa que está hablando con un loco. -Quizá me quede allí un tiempo.

-Tengo que decirle y es mi responsabilidad hacerlo, que si quiere quedarse en Deseo, le van a pedir que firme un compromiso por el cual usted se compromete a descansar los días que desee pasar en Deseo. -Y se rió.

-Vale, vale, lo tendré en cuenta, -le dije. Pensando que este personaje estaba fatal de la cabeza o que se estaba riendo de mí.

Entonces me hizo una de esas preguntas retóricas que no esperan respuesta.

¿Qué es lo único que tenemos y que nadie nos puede quitar?

-El tiempo. -respondió al rato, después de hacer una pequeña pausa, un silencio.

-El tiempo es lo único que tenemos. Podemos perder todo. Y aun así siempre tendremos nuestro tiempo, que podremos invertir en lo que queramos.

-Ah, vale, -le contesté, reconozco que de mal humor. Supongo que esto tocó mi ego más profundo.

-El tiempo, nuestro tiempo es lo único que tenemos. Que tenga Ud. una buena tarde, -me dijo. Y así de la misma manera en que llegó, se fue.

El tiempo es lo único que tenemos.

Yo pensaba que esta alma vieja, curtida por el sol y por la brisa marina, estaba de broma.

Como no tenía tiempo, tampoco, se lo dediqué a pensar sobre lo que me había dicho. Estaba muy preocupada pensando en todo lo que tenía que hacer. ¡Ocupadísima!

Para mí era muy importante ser importante y para eso es muy importante no tener tiempo, porque lo estoy utilizando para hacer cosas importantes. Y así también soy importante, porque la gente tiene que esperarme para poder hablar o tener una cita.

En conclusión: siempre estoy un peldaño más por encima de…

Hasta que un día, como descubrí después, la gente se cansa. Quiero decir que me convertí en una persona tan importante que el resto perdieron el interés o la esperanza de poder hablar conmigo. Y ahí es como vino el cambio.

Y así pasaron los días hasta que un día…

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