Compañeros de viaje, actos de amor.

Amigas de viaje,

compañeras que se han encontrado y han compartido.

Todos han llegado al final de sus caminos,

con las mochilas cargadas,

que ahora han vaciado. 

Compañeras de viaje.

Parejas que se han conocido en el camino, ríen y se dan abrazos.

Parece que estas personas están vivas, llenas de ilusión.

No estoy en ese mundo gris y oscuro del que muchas personas me hablan. Y me intentan hacer creer que vivo. 

Ahora soy yo quien está en el camino.

Me siento sola.

Me levanto temprano, me lavo la cara y pienso. -¡Lo que me espera!

Me coloco las botas y a caminar.

No es tan fácil como parece al principio, pero me acabo acostumbrando.

Empiezo poco a poco, me duelen los pies.

Después de mucho caminar, me acostumbro y me dejan de doler.

Todo en esta vida es acostumbrarse.

La costumbre nos hace seres pacíficos, adaptables y aceptables.

Mientras camino.

Me doy cuenta de que hago mis propias reflexiones. Hablar con otras personas me ayuda a tener una perspectiva más amplia del mundo y de la vida.

Desde mi punto de vista, la costumbre me hizo, acostumbrarme a todo. Y eso, es para mí, un peligro.

Tan malo es acostumbrarme a lo bueno, como acostumbrarme a lo malo.

Acostumbrarme para mí, supuso olvidar muchos sueños.

Ahora recuerdo.

Cuando alguien me dijo, -va! déjalo mejor para otro día.

Quien me dijo, -Mejor no te molestes.

Creo que mejor me podían haber dicho, -mejor moléstate y no te rindas.

Pienso ahora que quizá ese es el problema, -¿cuántas personas se molestaron con mis sueños? Cuantas veces tuve que acostumbrarme de nuevo a la monotonía. A la costumbre de evitar arriesgarme, cansarme, pasar frío… sentir.

Evitar creer en el amor y en los actos de bondad, porque había gente a la que le molestaba.

Siento de nuevo.

Si estos días estoy pasando frío y tengo miedo de sentir amor y ser vulnerable. De enfrentarme a las personas que no creen y que sólo les interesa hacerme ver el mundo de forma violenta, que olvide y renuncie a mis sueños. ¡Esa es su realidad y no la mía!

Qué gran poder el que ejercían sobre mí aquellas personas que me hicieron renunciar al amor, porque ellas no creían en él o nunca lo vivieron. 

Tengo miedo.

Por primera vez tengo miedo, o quizá, tengo el valor de admitir que tengo miedo, de cambiar realmente mi mundo.

Me acuerdo de una frase que dice, «si tienes miedo es porque estás viva», el miedo te advierte de que no es un sueño, el miedo te mantiene alerta y despierta. El miedo realmente te está diciendo que quizás, te has atrevido a salir de la costumbre.

Tenía miedo de darme cuenta de que el mundo está construido con actos de amor. De abrir los ojos y ver el mundo de forma diferente. De abrir puertas, en vez de cerrarlas. Comprobar que el amor existe, supone perdonar y ser consciente de que quizá era yo la que necesitaba cerrar los ojos.

Cerrando los ojos, todo es más fácil, porque así no tengo que enfrentarme a la realidad. Ahora me asalta una duda, ¿a quién le interesa que las personas tengamos los ojos cerrados? ¿Qué beneficio sacan? 

Soy la víctima que me hicieron creer. Sí, soy su víctima. Víctima de su realidad, de la realidad que me hicieron creer, que no era la mía. Una realidad que en el fondo me estaba separando de lo que de verdad deseaba, de mi vida. 

Me toca aprender y empezar a ver las cosas desde el principio. Siento que mi mochila es más ligera, siento perdón y respeto.

Quizá uno de los secretos de la vida está en aprender a ser responsables y a caminar libremente sin hacer daño a otras personas. 

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