Ruta.

Como el camino de la vida,

todo es moverse.

Ahora me siento una nómada.

Algo corre por mi interior.

Estar sentada es sentir morirme.

Moverme es vivir.

No quiero morir más tiempo

atada a una cadena,

que no me deja vivir.

Objetivo”.

-Tengo un objetivo. -Voy a hacer una ruta de varios días caminando. Creo que esto me va a ayudar a sentirme mejor. Tengo ilusión por hacerlo.

-¿Para qué quieres hacer este viaje, esta ruta?

-Pues creo que me va a sentar bien.

-Me siento inmóvil, necesito moverme.

-Necesito moverme en todos los sentidos. Es como si me sintiera inquieta al estar parada. Necesito estar con mas personas, enriquecerme, hablar…

-¿Qué más necesitas?

-Salir al mundo

-Esta es mi ilusión, andar, moverme. No puedo estar parada más tiempo. Ahora que empiezo a disfrutar lo que es vivir. Tengo que experimentar y que disfrutar.

-Podrías cambiar el “tengo que experimentar”, por me gustaría experimentar.

-Me gustaría experimentar.

-¿Cómo te suena ahora esto? Sientes algo diferente. Qué ha cambiado en tu frase.

-No sé que decirte, le dije a la coach, -¿Cuál es la diferencia?

-Cuando decimos «tengo que», es como una imposición, supone que tenemos la creencia de que “tenemos que hacer algo”. En cambio, cuando eliges, lo haces desde la libertad personal. Podría ser un error que estemos trabajando un proceso o un objetivo desde la necesidad. Lo importante es que seas libre para poder hacer y elegir lo que desees. Ese es el verdadero proceso, para poder marcarte objetivos, que vallas a realizar.

-Vamos a hacer un ejercicio, -me dijo la coach, -cierra los ojos y cuéntame, ¿qué es lo que te llega de esa ruta?. ¿Cómo la percibes o qué sensaciones tienes.?

-Siento que voy a hacer algo que se salga de lo común para mí.

¿Qué es lo que puedo hacer en ese viaje?

Entonces me vi con mi mochila cargando en medio de la nada.

-Me siento como un perrillo sin dueño, que no sabe a donde ir.

En un principio me parecía una idea muy fácil. Salir a caminar unos días, hacer rutas, conocer gente.

Me emociona ver a otras personas, cuando completan sus caminos.

Me gusta ver sus caras felices, cuando llegan. Ver cómo por un momento se pueden sentir libres. La complicidad que tienen, para marcarse un objetivo común.

Para mí son libres y se les nota, en cómo ríen y en cómo se mueven.

No hay nada como la libertad.

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