Relato 21. Ruta, personas amigas

Relato 21. Ruta, personas amigas

Compañeros de viaje, actos de amor.

Amigas de viaje,

compañeras que se han encontrado y han compartido.

Todos han llegado al final de sus caminos,

con las mochilas cargadas,

que ahora han vaciado. 

Compañeras de viaje.

Parejas que se han conocido en el camino, ríen y se dan abrazos.

Parece que estas personas están vivas, llenas de ilusión.

No estoy en ese mundo gris y oscuro del que muchas personas me hablan. Y me intentan hacer creer que vivo. 

Ahora soy yo quien está en el camino.

Me siento sola.

Me levanto temprano, me lavo la cara y pienso. -¡Lo que me espera!

Me coloco las botas y a caminar.

No es tan fácil como parece al principio, pero me acabo acostumbrando.

Empiezo poco a poco, me duelen los pies.

Después de mucho caminar, me acostumbro y me dejan de doler.

Todo en esta vida es acostumbrarse.

La costumbre nos hace seres pacíficos, adaptables y aceptables.

Mientras camino.

Me doy cuenta de que hago mis propias reflexiones. Hablar con otras personas me ayuda a tener una perspectiva más amplia del mundo y de la vida.

Desde mi punto de vista, la costumbre me hizo, acostumbrarme a todo. Y eso, es para mí, un peligro.

Tan malo es acostumbrarme a lo bueno, como acostumbrarme a lo malo.

Acostumbrarme para mí, supuso olvidar muchos sueños.

Ahora recuerdo.

Cuando alguien me dijo, -va! déjalo mejor para otro día.

Quien me dijo, -Mejor no te molestes.

Creo que mejor me podían haber dicho, -mejor moléstate y no te rindas.

Pienso ahora que quizá ese es el problema, -¿cuántas personas se molestaron con mis sueños? Cuantas veces tuve que acostumbrarme de nuevo a la monotonía. A la costumbre de evitar arriesgarme, cansarme, pasar frío… sentir.

Evitar creer en el amor y en los actos de bondad, porque había gente a la que le molestaba.

Siento de nuevo.

Si estos días estoy pasando frío y tengo miedo de sentir amor y ser vulnerable. De enfrentarme a las personas que no creen y que sólo les interesa hacerme ver el mundo de forma violenta, que olvide y renuncie a mis sueños. ¡Esa es su realidad y no la mía!

Qué gran poder el que ejercían sobre mí aquellas personas que me hicieron renunciar al amor, porque ellas no creían en él o nunca lo vivieron. 

Tengo miedo.

Por primera vez tengo miedo, o quizá, tengo el valor de admitir que tengo miedo, de cambiar realmente mi mundo.

Me acuerdo de una frase que dice, «si tienes miedo es porque estás viva», el miedo te advierte de que no es un sueño, el miedo te mantiene alerta y despierta. El miedo realmente te está diciendo que quizás, te has atrevido a salir de la costumbre.

Tenía miedo de darme cuenta de que el mundo está construido con actos de amor. De abrir los ojos y ver el mundo de forma diferente. De abrir puertas, en vez de cerrarlas. Comprobar que el amor existe, supone perdonar y ser consciente de que quizá era yo la que necesitaba cerrar los ojos.

Cerrando los ojos, todo es más fácil, porque así no tengo que enfrentarme a la realidad. Ahora me asalta una duda, ¿a quién le interesa que las personas tengamos los ojos cerrados? ¿Qué beneficio sacan? 

Soy la víctima que me hicieron creer. Sí, soy su víctima. Víctima de su realidad, de la realidad que me hicieron creer, que no era la mía. Una realidad que en el fondo me estaba separando de lo que de verdad deseaba, de mi vida. 

Me toca aprender y empezar a ver las cosas desde el principio. Siento que mi mochila es más ligera, siento perdón y respeto.

Quizá uno de los secretos de la vida está en aprender a ser responsables y a caminar libremente sin hacer daño a otras personas. 

Relato 20. Ruta, qué estaba buscando

Relato 20. Ruta, qué estaba buscando

Algunas personas cojean cuando llegan a su destino, pero aún así, siguen caminando”.

Continúan adelante.

Se encuentran con sus compañeras de viaje y ríen,

aplauden, se abrazan y lloran.

Siempre es el mismo ritual,

con diferentes protagonistas.

Personas que no se conocen de nada.

Todas ellas comparten un objetivo común, que les une.

Compañerismo, pasión, cariño, amor.

“¿Qué estaba buscando?”.

Ahora, me doy cuenta.

Soy consciente de “qué es lo que buscaba”. 

Una cosa muy sencilla,

«la expresión del amor».

No me refiero a que yo buscara para mí una fantasía o una aventura. Tenía la esperanza o la curiosidad de ver con mis propios ojos y de sentir el verdadero amor.

El amor, como energía que nos une a las personas con un propósito superior.

Ya estaba cansada de que me hicieran ver que en el mundo, sólo había violencia o actos egoístas.

Yo en el fondo, nunca me lo creí. Yo en el fondo sabía que el mundo se había construido a base de actos de amor y no de violencia.

Quería saber si el amor realmente existe.

Si como dicen en muchos medios, ahora es todo violencia, interés… una historia, muy bien contada que seguro a alguien le interesa que nos creamos.

Parece que nadie se acuerda del esfuerzo que han hecho, muchas personas, con actos verdaderos de amor durante la historia. 

Me senté y me dediqué a observar. 

Y me dí cuenta de varias cosas. 

Percibí amor, ilusión, compañerismo, respeto. Me dí cuenta de que el amor estaba en todos los sitios. Y que nos rodea.  Me dí cuenta de que la realidad que intentaban venderme no era lo que yo estaba viendo y me imaginaba. 

Los actos de amor continúan existiendo.

Padres que hacen trabajos, muy duros, para alimentar a sus familias, a sus hijas. Como hizo el mío.

Personas que acuden a trabajos en los que muchas veces se juegan la vida.

¿Para qué?.  Para mantener a sus familias. Por amor.

Pude ver a parejas pasear juntas después de su «camino» o mejor pensado, «ruta», porque el camino de sus vidas continuaba. Preparando planes para su camino futuro, que seguro no sería fácil.

Ahora veo el amor, como, una fuerza frente a la «prueba» del dolor y la duda.

La vida sabia como siempre, nos hace merecedores de nuestros logros.

Para superar la prueba del amor verdadero, hay que saber lo que es el sufrimiento, ya que el amor es la energía que nos ayuda a superarlo. Nos ayuda a superar nuestros conflictos y deferencias. Nos ayuda a aceptar a la otra persona tal  y como es y no tal y como nos la habíamos imaginado o como nos gustaría que fuera, mejor dicho.

No puede haber amor, sin aceptación y confianza. Sería muy fácil. Eso sería costumbrismo, un estado en el que nunca pasa nada y en el que las personas jamás podríamos expresarnos tal y como somos.

Ruta

Ruta

Ruta.

Como el camino de la vida,

todo es moverse.

Ahora me siento una nómada.

Algo corre por mi interior.

Estar sentada es sentir morirme.

Moverme es vivir.

No quiero morir más tiempo

atada a una cadena,

que no me deja vivir.

Objetivo”.

-Tengo un objetivo. -Voy a hacer una ruta de varios días caminando. Creo que esto me va a ayudar a sentirme mejor. Tengo ilusión por hacerlo.

-¿Para qué quieres hacer este viaje, esta ruta?

-Pues creo que me va a sentar bien.

-Me siento inmóvil, necesito moverme.

-Necesito moverme en todos los sentidos. Es como si me sintiera inquieta al estar parada. Necesito estar con mas personas, enriquecerme, hablar…

-¿Qué más necesitas?

-Salir al mundo

-Esta es mi ilusión, andar, moverme. No puedo estar parada más tiempo. Ahora que empiezo a disfrutar lo que es vivir. Tengo que experimentar y que disfrutar.

-Podrías cambiar el “tengo que experimentar”, por me gustaría experimentar.

-Me gustaría experimentar.

-¿Cómo te suena ahora esto? Sientes algo diferente. Qué ha cambiado en tu frase.

-No sé que decirte, le dije a la coach, -¿Cuál es la diferencia?

-Cuando decimos «tengo que», es como una imposición, supone que tenemos la creencia de que “tenemos que hacer algo”. En cambio, cuando eliges, lo haces desde la libertad personal. Podría ser un error que estemos trabajando un proceso o un objetivo desde la necesidad. Lo importante es que seas libre para poder hacer y elegir lo que desees. Ese es el verdadero proceso, para poder marcarte objetivos, que vallas a realizar.

-Vamos a hacer un ejercicio, -me dijo la coach, -cierra los ojos y cuéntame, ¿qué es lo que te llega de esa ruta?. ¿Cómo la percibes o qué sensaciones tienes.?

-Siento que voy a hacer algo que se salga de lo común para mí.

¿Qué es lo que puedo hacer en ese viaje?

Entonces me vi con mi mochila cargando en medio de la nada.

-Me siento como un perrillo sin dueño, que no sabe a donde ir.

En un principio me parecía una idea muy fácil. Salir a caminar unos días, hacer rutas, conocer gente.

Me emociona ver a otras personas, cuando completan sus caminos.

Me gusta ver sus caras felices, cuando llegan. Ver cómo por un momento se pueden sentir libres. La complicidad que tienen, para marcarse un objetivo común.

Para mí son libres y se les nota, en cómo ríen y en cómo se mueven.

No hay nada como la libertad.