El talento es un factor clave en el desarrollo personal, profesional, individual y colectivo. Es el gran compromiso que tenemos con nosotros mismos.

El talento es un componente alejado de un factor innato; no podemos dejar todo nuestro talento en manos de lo genético y de lo innato. Hay muchas más variables que entran a jugar como personajes fundamentales en nuestro talento.

Uno de los motores es la confianza, es el motor que nos permite extraer la mejor versión de nosotros mismos.

Somos nosotros mismos, nuestras creencias limitantes y las cosas que nos decimos, los obstáculos que en gran medida hacen que nos cueste mucho más alcanzar ese gran desarrollo personal y de nuestro talento.

Aprendemos a mirar mucho más nuestras limitaciones que nuestras fortalezas. El talento se encuentra en las fortalezas y en su entrenamiento. 

Fundamentalmente el gran motivo por el que nos cuesta tanto descubrir en qué somos buenos, es porque no nos han enseñado a encontrarlo. Nuestro sistema educativo se centra más en arreglar aquellas cosas en las que no somos buenos, y nos pasamos la vida intentando corregir debilidades, errores, y perdemos el foco en entrenar aquellas cosas en las que realmente sí somos buenos.

La emoción más poderosa vinculada con el aprendizaje, es la sorpresa. La sorpresa nos habla de aquellas cosas que nos estimulan, que nos motivan. Es muy  importante que desde muy pequeños entrenemos nuestra capacidad para descubrir, para asombrarnos. En todo lo que nos asombra, es muy probable que se encuentre nuestro talento.

¿Cuánto tiempo dedicamos a arreglar lo que hacemos mal y cuánto tiempo dedicamos a entrenar y mejorar aquello en lo que somos buenos? Es importante dedicar tiempo a  descubrir, y luego disciplinarnos para mejorar nuestras capacidades, es un factor clave en nuestro talento.

Somos lo que entrenamos: por eso es muy importante que desde muy pequeños reforcemos aquellos aspectos en los que nos podemos manejar muy bien.

El talento habla de fortalezas, habla de la mejor versión de nosotros mismos: no sólo es necesario descubrir y sorprendernos por las cosas que nos llaman la atención, sino que posteriormente es importante trabajar, poner el foco en entrenar aquello en lo que realmente vamos a aportar un valor diferencial.

Cuando nos preguntan en qué somos buenos o no , no solemos saber responder a esta pregunta. En muchas ocasiones, el motivo es que está vinculado a una cierta vergüenza a verbalizar nuestros talentos. En cambio, cuando nos preguntan por cosas que hacemos mal, enseguida respondemos.

Vinculamos el talento con la vanidad, con algo que no es bueno decir, porque parece que alimenta nuestro ego en exceso, y es todo lo contrario.

Es muy importante diferenciar el talento con «ser el mejor»: el talento nos habla de hacer algo especialmente bien, pero no por eso tenemos que ser el número 1 en ese aspecto, simplemente que lo hacemos de forma diferente, y aportamos valor en el entorno en el que nos movemos.

Y tú, ¿dónde aportas valor?

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