Retomando las palabras de Antoine de Saint-Exupéry en la novela El principito:

«Si quieres construir un barco, no empieces a cortar madera y a distribuir el trabajo, empieza más bien evocando en los hombres y en las mujeres el anhelo de un mar libre e infinito.» 

Un buen líder, debe crear una visión colectiva inspiradora.

Esa inspiración frente a aportar sentido a lo que luego van a hacer, es la fuente real de motivación para abordar proyectos a largo plazo.

Esa visión genera retos inspiradores. El líder no apuesta por lo que las personas son, sino por lo que pueden llegar a ser.

Debe hacer imaginar a su equipo esos escenarios futuros hacia donde quiere llegar. Esa visión es como el infinito que posiblemente sea inalcanzable, pero siempre les incitará a caminar para ir mejorando.

La visión es ese largo plazo, es ese camino que el líder quiere que su equipo recorra. La primera función de cualquier líder, es crear esa visión, fomentar esa inspiración porque este tipo de cosas van a llegar. Es necesario mantener esta motivación en el equipo, sobre todo cuando los momentos son complejos, cuando las cosas no salen como se esperaba.

El líder tiene que ser visionario, tiene que ser mucho más estratégico que su propio equipo de trabajo.

Aunque como dicen algunos entrenadores, que en realidad son también líderes de sus equipos, vayamos «partido a partido», un buen líder siempre tiene que tener clara esa visión hacia donde quiere llegar y generar visiones colectivas estimulantes.

Otra de las claves para ser un buen líder, es conseguir la adhesión de las personas que forman su equipo, y para ello es necesario romper con viejos paradigmas en torno a la figura del líder.

¿Cómo generamos adhesión? 

El principal error es decirle a los miembros de nuestro equipo cómo deben de hacer las cosas. El reto de los líderes debe ser generar contextos creativos y estimulantes, donde las personas que forman su equipo puedan retarse, puedan probar, puedan hacer. Solamente cuando se enfrenten a la acción serán capaces de demostrarse a sí mismos que son capaces de hacerlo. La clave está en crear proyectos: ahí es donde realmente está la motivación, en darle la posibilidad a nuestro equipo, a  cada uno de sus integrantes, de participar en un proyecto que les lleve mucho más allá.

Solamente cuando somos capaces de descubrir por nosotros mismos las cosas, es cuando podemos comprometernos.

La adhesión de las personas que forman nuestro equipo implica compromiso, y el compromiso requiere que cada uno de los miembros asuma la responsabilidad de enfrentarse a aquellas situaciones de aprendizaje que les generan miedo. Tener miedo es una muy buena señal de que lo que están haciendo es importante, de que están trabajando en un contexto estimulante que como líderes hemos diseñado para ellos.

¿Te consideras un buen líder? , si no es así, ¿te gustaría llegar a serlo?

En próximos post seguiremos compartiendo con vosotros las claves para ser un buen líder, te invitamos a que nos comentes tus opiniones sobre ellas. 

 

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