por La Escuela de Emprendedores | Mar 10, 2022
Poco a poco vamos creciendo y nos damos cuenta de que no todo es color de rosas, y muchas veces tenemos más gamas de grises que de rosas.
De pequeños todos soñamos con una vida ideal, un trabajo perfecto, la casa de nuestros sueños, una mujer o un marido estupendo, con dos hijos guapísimos y un perro que quede perfecto en la foto familiar anual, pero… ¿cuánto tardas en darte cuenta de que esa vida soñada, ya no la quieres? De que poco a poco te vas conociendo y encontrando qué es lo que verdaderamente quieres.
Normalmente en la adolescencia empiezas a descubrirte un poco más, a encontrar tus gustos, tus preferencias, tus competencias, y es ahí dónde poco a poco vas marcando tu rumbo. Pero, ¿y qué pasa si no nos gusta lo que nos encontramos?.
Pues resulta tan obvio, que a veces nos cuesta. Cambiar, reconectar, volver a intentar, y así hasta que verdaderamente nos vayamos descubriendo. Y es que el mero hecho de conocerse, ya de por sí es un acto de valentía, porque solamente tú vas a estar contigo mismo.

A día de hoy es súper importante saber quién eres y conocerte a ti. Vivimos en una sociedad en la que queremos ser aceptados por la mayoría, y con toda la tecnología que tenemos a nuestro alcance, todos tenemos esas figuras idealizadas en las que nos queremos convertir, y nos dejamos atrás a nosotros mismos.
Enfréntate a tus miedos, a tus fantasmas, crece, encuéntrate. Haz un camino de autorrealización personal. Nunca te compares, cada uno madura y vive a su debido tiempo, porque nunca dejamos de conocernos, seguimos creciendo, madurando y aprendiendo a medida que nos vamos haciendo mayores.
Como dijo Virginia Woolf: “No hay necesidad de apresurarse, no hay necesidad de brillar, no es necesario ser nadie más que uno mismo”.
por La Escuela de Emprendedores | Mar 1, 2022
¿Cuál es la filosofía de un muñeco?
¿Somos como marionetas?
Vamos, esto es muy fácil. ¿No lo ves?
Sólo tienes que extender la mano, coger el ridículo muñeco que no mide más de veinte centímetros de altura y, a continuación, jugar. Porque es muy sencillo: hará lo que quieras, dirá lo que desees . Tú pondrás su voz, por supuesto. Y se moverá hacia dónde lo dirijas. Obviamente, tú lo harás caminar y lo sostendrás para que no se caiga de sus ridículas piernas de plástico.
¿Qué haces si su ropa no te gusta? ¿Si no le sienta bien, si no te convence el modelo o si la situación requiere de otras prendas más o menos formales? Cambiársela, claro, porque él no hará el esfuerzo de vestirse por sí mismo. No lo olvidemos, es un simple muñeco que no puede moverse, como cualquier Barbie.
Podríamos considerarte de esta forma su creador, su Dios, el que le ha dado un sentido a su sociedad individual. Pero no tendría sentido, porque nosotros mismos somos como muñecos a los que enseñar, como ideologías plagiadas que carecen de corazón y raciocinio.
A nadie le importa si sufrimos, si lloramos o si morimos de inanición; porque lo importante es cumplir las expectativas que se tienen sobre nuestra sumisa persona. Y si te rebelas, pierdes o ganas; siempre es así.
Pero la tendencia es hacia la perdición.
Somos un producto manipulable. Ellos nos controlan.
Nosotros somos los inteligentes, los pensantes, los que vamos más allá de una idea y la transformamos dándole diversas formas a nuestro antojo.
Nosotros somos los que vemos y los que juzgamos, los que reímos, los que lloramos y los que sentimos. Nos empeñamos en cerrar los ojos, en no ver las realidades, en escapar de ellas, o nos aferramos a aspectos subjetivos que nos parecen irrefutables pero que, sin embargo, no sabemos sostener sin caer en el «porque sí».

Nosotros somos los que tenemos que aprender a ver y a tener los ojos abiertos. ¿Somos tan humanos como queremos hacer creer, o somos el animal más animal de todos los tiempos?
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por Valentín Pablos Baranda | Ene 21, 2020
Me agacho al suelo y toco las hojas con las manos.
Son rugosas y tienen pequeños bultitos. Son preciosas, todas ellas son perfectas, todas diferentes.
Me parece fantástico el abanico de colores que tienen. Como pasan del verde, amarillo, blanco, naranja marrón y rojo.
Miro el paisaje como si fuera la primera vez que lo veo.
Siento calor en la cara.
Cierro los ojos y levanto la cabeza, para poder oler el aire.
Inspiro fuerte. Meto todo el aire que puedo en mis pulmones. Siento como el pecho se me hace grande.
Siento como se hincha y como yo me hago grande, acostumbrada a sentirme pequeñita, ahora me siento grande y fuerte.
El aire es fresco.
La imagen.
Intento guardar la imagen de lo que me rodea en mi memoria. Quiero guardar este momento, congelarlo.
La hierba tiene un color verde.
El viento se posa sobre la hierba y la acaricia, suavemente. Escucho el ruido que hace, es como un susurro.
El viento.
Ondula la hierba, haciendo formas en movimiento…
La hierba, se parece a una bandada de golondrinas, haciendo formas mágicas, moviéndose.
Ondulando, dando vueltas y volviendo al mismo sitio, una y otra vez. Acompañado todo este movimiento de un susurro.
Inspiro.
Vuelvo a hacer una inspiración profunda y me agacho al suelo, poniéndome de cuclillas, con las palmas de las manos hacia abajo.
Siento como la vibración de los hilos de hierba, hace cosquillas en la palma de mi mano… Me encanta, es una sensación muy agradable que me hace sonreír…
Me siento como una niña pequeña, divirtiéndose, con sus travesuras y fantasías….
Siento como esa vibración sube desde la palma de mis manos, pasa por la yemas de los dedos y recorre toda la palma, acariciándola suavemente hasta llegar a las muñecas y sube por el antebrazo.
Sentir.
Sentirme viva.
Cierro los ojos, con la intención de que mis sentidos se hagan más sensibles.
Quiero grabar este momento, quiero recordarlo.
Este será mi recuerdo y lo guardaré en mi jardín secreto.
Donde guardo mis fantasías que me ayudan a vivir. Mis recuerdos.
Siento como el aire acaricia mi mano, mientras acaricia los hilos de la hierba.
Siento el sol en la cara, que poco a poco se me va calentando y me pica un poquito.
Tengo los ojos cerrados, así me puedo concentrar un poco más en todo lo que me rodea.
Extiendo la otra mano, hacia el suelo, hacia la tierra en la que están las raíces. Después de un rato, siento la corteza del tronco de un árbol, sobre la palma de mis manos.
Espero que este relato breve te haya gustado tanto, como a mí escribirlo.
¡Gracias por haberme dedicado tu tiempo!
por La Escuela de Emprendedores | Sep 30, 2019
¿Alguna vez os habéis visto envueltos en la batalla razón-corazón?
¿Quién ha salido victorioso?
«Ha intentado hacerse indiferente a los sentimientos mediante la razón, que es como intentar convencer con palabras y argumentos a un paquete de dinamita de que no explote«.
Esta frase de Sándor Márai , en su obra La Mujer justa, resume para mi claramente el guión de esta batalla.
Muchas veces la razón no puede explicar lo que el corazón siente: «no se puede explicar lo que no tiene explicación«. Ojalá pudiésemos decirle al corazón lo que sentir en cada momento; cuándo sentir y cuándo dejar de sentir. Quizás de esta manera nos ahorraríamos muchas lágrimas y malos momentos. Pero lo cierto es que también nos perderíamos los mejores momentos de nuestra vida. ¿Merece la pena?
Posiblemente dejarnos guiar siempre por las estrictas reglas de la razón, nos lleve más rápidamente a nuestros objetivos sin distracciones, pero:¿eso sería para nosotros la felicidad?
¿Por qué evitar SENTIR?, ¿Por qué arrepentirnos de SENTIR? El día que dejemos de SENTIR, será por que nuestro corazón deje de latir, y nuestro cuerpo deje de estar en este mundo.
Que razón y corazón navegasen en la misma dirección, sería lo ideal. Podríamos trabajarlo como objetivo si queréis. Pero para ponerlos de acuerdo… ¿qué veis más probable? :¿que el corazón convenza a la razón o viceversa?, ¿cuáles serían los argumentos?.
El corazón podría utilizar como arma, que sin latido no hay vida.
La razón por su parte, podría argumentar que no es la persona correcta… la situación idónea… el momento adecuado…
Ambos están en lo cierto. Te toca decidir a ti quién quieres que gane, por cuál de los dos quieres apostar.
A esto tenemos que añadir, que la razón depende de uno mismo: los argumentos que construyes en tu cabeza y aceptas como válidos.
En cambio, el corazón… si ya es difícil controlar lo que sientes… más lo es controlar lo que sienten otros… No se puede obligar a nadie a sentir, y por mucho que te esfuerces, otro corazón no latirá por ti sino quiere, o ya late por otra persona…
«Querer es poder», o «el que lo sigue, lo consigue», bajo mi punto de vista: lo aplicaría a todo, menos a lo que al corazón se refiere.
La batalla razón vs corazón, debería ganarla la razón si el corazón no es correspondido. De otra forma, el dolor que nos provocará, nos romperá en mil pedazos y nos costará volver a sentir.
Y…¿qué sentido tiene la vida si no se siente?
por La Escuela de Emprendedores | Abr 25, 2019
Todos tenemos una «persona favorita». Alguien con el/la que nos gustaría pasar cada día, cada minuto. Vivir experiencias, compartir momentos, cumplir sueños. Alguien que hace girar nuestro mundo y sobre el/la que todo gira.
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